En México, hay sabores que no solo se comen… se heredan.
El Pan de Muerto es uno de ellos: un bocado que huele a infancia, a altar y a memoria.
Su textura suave, su aroma a azahar y la promesa de un reencuentro simbólico con los que ya partieron lo han convertido en un emblema nacional.
Y cada año, panaderos, chefs y amantes del pan honran esa historia con nuevas interpretaciones.
Hace unos días se celebró la Paneada Santa Clara 2025, una de las citas más esperadas para los fanáticos de este pan.
El evento tuvo lugar en Casa Barcelona, en la colonia Juárez de la Ciudad de México.
Allí se reunieron 18 panaderías que ofrecieron lo mejor de su repertorio para encontrar al mejor Pan de Muerto en tres categorías: tradicional, relleno y original.
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El Pan de Muerto no nació en los hornos modernos. Su origen se remonta a las ofrendas prehispánicas, cuando se elaboraban figuras de amaranto y miel llamadas tzoalli o panes como la papalotlaxcalli —“pan de mariposa”—, que simbolizaban la transformación y el alma.
Aquellos primeros “panes” eran una forma de honrar a los dioses y acompañar a los muertos en su viaje.
Con el tiempo, el maíz cedió su lugar al trigo traído por los españoles, y la tradición se mezcló con nuevos ingredientes: mantequilla, ralladura de naranja, azúcar y agua de azahar. Así nació el pan que hoy todos reconocemos y que cada región del país ha reinterpretado a su manera.
En Puebla, se decora con ajonjolí; en Oaxaca, se perfuma con anís; en la Ciudad de México, lleva azúcar brillante como una celebración.
La edición 2025 de la Paneada Santa Clara fue un festín de creatividad y tradición.
Desde los panes clásicos de Rosetta, Eno o Consuelo, hasta las versiones más atrevidas de Buñuelo, con tocino y chocolate blanco, o Mallorca, con compota de guayaba y queso mascarpone.
Cada propuesta fue una muestra de cómo este pan evoluciona sin perder su alma.
Los asistentes degustaron, compararon y votaron, y al final de la jornada los ganadores fueron:
Consuelo (pan tradicional), Mallorca (relleno), Buñuelo (más original) y Elizondo (People’s Choice).
Hoy, el mercado del Pan de Muerto vive un auge sin precedentes.
Según cifras de la Cámara Nacional de la Industria Panificadora, su venta crece año con año e infinidad de panaderías artesanales preparan versiones limitadas que se agotan en días.
Este crecimiento no solo refleja el amor por el sabor, sino por la historia que carga cada mordida.
El Pan de Muerto se ha convertido en un lienzo gastronómico que une pasado y presente, artesanía y vanguardia.
En cada pan hay un homenaje a la vida, a la muerte… y a la dulce costumbre de recordarlos con lo mejor que tenemos: nuestro pan de cada Día de Muertos.
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